(Por lo menos sirvió de algo haber discutido con ella)
Quizás, no soy la persona más fuerte del mundo, pero en cuanto a tener siemre una máscara sí. Tantas veces, conteniendo la respiración bajo el agua, tapándome la cara con una almohada, intentando callar con el silencio, las lágrimas. Los sollozos, se escapan por el cerrojo de la puerta, hasta llegar a oídos con dueños a los cuales no les importa mi existencia. Gritandome por dentro que tengo que ser fuerte, que nunca debo mostra mi debilidad frente a otros, porque pueden lastimarme, como lo hicieron una vez, en el pasado. Hay un dicho que dice que mientras más tiempo finges ser una persona que no eres, mientras más tiempo pases con la máscara de lo falso, esta se pega a tu rostro, y nunca más vuelves a ser la misma. Pero no puedo reprimir mi orgullo, no puedo evitar decirme a mi misma, "no seas una estúpida débil"... No me gusta rebajarme hacia los demás. Dicen que no sea una persona falsa, pero con sus prejucios y mentiras, me obligan a ser la persona más fría y falsa del mundo. Pero cuando no me ven, cuando no me oyen, los gritos de mi alma suben a mi garganta, y antes de ahogarme, me los quito de mi ser... Y grito, lloro, y grito otra vez, una y otra vez... No quiero ser una persona falsa, pero la máscara de ignorancia e indiferencia se pega a mi cara, y me voy convirtiendo en lo que siempre odié. En aquella faceta ignorante de mis padres. Y no quiero ser su reflejo. Quiero ser yo. Ser yo misma. Pero, una y otra vez, vuelvo a ponerme el disfraz, me coloco la máscara, sonrío, y todos piensan:
"¡Qué afortunada! Es la chica más feliz del universo" Pero cuando la fiesta termina, los invitados se van, la música para, y ya no hay más pastel, me pongo los harapos, me quito la máscara, y lloro en mi cama, grito a la Luna que me lleve consigo... Pero los ruidos de los autos callan mi súplica, el hartante sol de la mañana seca mis lágrimas y ya no queda nada más que hacer. Sólo resisto. Un día, algunos notarán mi ausencia. Nadie verá que veo la cegadoras luces del tráfico debajo mío. Nadie verá que secó mis lágrimas, e ignorando la chapa de la baldustrada de la terraza. Nadie verá que sonrío, mirando a esa cuidad, esas dos calles ruidosas y ricachonas de las que alguna vez estuve orgullosa, nadie verá que al fin mi máscara se desprende de mi cara, cae desde la terraza del piso once, rompiéndose en incontables pedazos en la vinería de al lado. Nadie verá que pienso en lo único que siempre me mantuvo viva: Él... Nadie verá que abro mis brazos, miró el cielo y grito a la luz de mi vida, que me viera en el otro mundo. Nadie, nunca verá, que me tiro desde la terraza, pidiendo que el amor de mi vida, la luz de mis ojos, algún día, venga a tomarme de la mano, sin importar nada a nuestro alrededor.
Nadie me verá.
Porque nunca lo han hecho, maldita sea, Lucas...
[CariiTo]
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